LA MIGRACIÓN Y LA VIDA RURAL EN LURIGANCHO

Sala Todas las Sangres


Panel 3

LA MIGRACIÓN Y LA VIDA RURAL EN LURIGANCHO

A diferencia de Lima donde la vida cultural está mucho más presente en la grandiosidad de las iglesias y espacios diseñados para eventos culturales (Teatro, museos, centros culturales, etc.), la vida campesina en las haciendas alrededor de la ciudad son ámbitos productivos que tiene su propio matiz, la faena agrícola viene acompañada de danzas y cantos y de festividades religiosas. Lo mismo ocurrió con las poblaciones procedentes de Asia quienes desde mediados y finales del siglo XIX trabajaron en las haciendas, su impacto cultural es destacado sobre todo en la gastronomía peruana.

 

Ya, durante el siglo XX, llegan trabajadores que proceden de la sierra, muchos de ellos se quedan en el valle y traen su arte, la herranza, el culto a San Jerónimo y a diferentes santos patrones son sello de la vida campesina de aquel momento.

 

Nuestro territorio ha sido un espacio común con los pastores Jicamarca, el ámbito que ellos ocupan se emplaza al margen de las haciendas, en ocasiones en lo cerros y como parte del ciclo de reproducción de su ganado repetían rituales para proteger y multiplicar sus animales. Parte del ritual era acompañado de jornadas festivas donde los trabajadores de las haciendas participaban, durante su larga estadía. Surgieron pequeños cementerios que luego fueron el lugar de entierro y culto a los muertos, uno de ellos sobrevive y se llama El Sauce.

Músicos en el Cementerio El Sauce

Venta de wawas en el Cementerio El Sauce

Sicuris en fiesta de barrio

Con los españoles el proceso de extirpación logró que los cerros sagrados tuvieran nuevos nombres, un ejemplo claro es el San Cristóbal, pero los ritos de origen prehispánico permanecieron. La fiesta de las cruces, es un ejemplo de ello, su culto estaba organizado por cofradías y fechas del calendario católico. Otra muestra es la celebración de la Virgen de Chapi, cuya imagen se encuentra pintada en una roca en los cerros de Caja de Agua.

 

A partir de los años 40, Lima sufre un enorme crecimiento y diversas poblaciones de origen provinciano llegan a asentarse en la periferia, surgen las primeras barriadas y en diversos puntos de la ciudad prosperan lugares de encuentro donde exponentes de la música y el canto andino se encuentran con su público, a los famosos coliseos se suman los centros departamentales o provinciales que son ámbitos de integración de los paisanos distribuidos en la gran ciudad. Tradiciones tan arraigadas como la corrida de toros y gallos son el punto de encuentro para aficionados, dando la oportunidad estos lugares a mostrar a los artistas de moda.

Teodoro Gamboa, Miguel Ángel Silva “Indio Mayta” y un charro

Manuelcha Prado

Laurita Pacheco. Fuente: Andina de noticias, 2021

La creciente ciudad se desborda hacia los cerros que empezaron a poblarse, la radio nos trae nuevas modas y sonidos, la cumbia es bien recibida así como el rock and roll, los jóvenes de nuestros primeros pueblos se apropian de esta música y surge en el barrio de Chacarilla una de las agrupaciones de cumbia más prestigiosa “Los ilusionistas” conformada por tres grande Walter León, Juan Chávez Malaver y la inconfundible voz de Carlos Ramírez Centeno.

Carlos Ramírez Centeno

Uno de los vecinos más memorables es Enrique Solari Swayne dueño de una hacienda, junto con su esposa Gertrudis, siente una admiración por el valle y por las tradiciones andinas, ellos son el puente e inspiración para una movida cultural y de peruanidad admirable, son los impulsores de lograr que el arte popular tenga un sitial en la ciudad.

Enrique Solari en su casa ubicada en Zárate

El circo también tuvo su representante en San Juan de Lurigancho, José Álvarez creó el Circo laboral Toni Perejil, considerado el más antiguo del Perú, creado en 1964 se constituyó en una cantera de artistas cómicos que luego darían el salto a la televisión. Viajaban a diferentes regiones del Perú llevando sus espectáculos de malabaristas y payasos.

Circo laboral Tony Perejil

El arte de la pintura mural que hoy en día vemos en intervenciones artísticas en espacios públicos se desarrolló en el distrito en los años ochentas de la mano del maestro Francisco Tacora, nacido en Puno llegó a la capital y estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes donde ejerció la docencia.

Mural de Francisco Tacora en la I.E. Ciro Alegría de la Urbanización Zárate

Mural de Francisco Tacora en la Municipalidad de San Juan de Lurigancho